Para ser político no hay que ser politólogo, es decir, especialista en los estudios políticos; pero para ser politólogo, no hay que ser necesariamente político. Politólogo es aquel que se dedica prevalentemente al estudio de la política por medio de procedimientos científicamente controlado. Por el contrario, político, en el sentido de persona prevalentemente dedicada a la organización de cursos de acción con la finalidad de lograr objetivos personales o grupales disputados por otros, es todo aquel que hace política ya sea en el plano local o global de la sociedad.
Ahora bien, a un político no le iría del todo mal mejorar y sistematizar las informaciones relativas a los hechos políticos, en especial, las relativas al qué y al cómo de la política y los factores biopsicológicos, socioeconómicos y culturales que la modulan, pues no hay acciones eficaces si no están previamente informadas por conocimientos verificables del contexto de la acción, así como de sus motivos, sus finalidades y probables consecuencias. Si dos personas con características personales, socioeconómicos y culturales similares, menos en lo relativo al conocimiento de la política, entran al rodeo político, habrá que esperar que las probabilidades favorezcan al que tenga un mayor Background y un mejor conocimiento de la política en todas sus dimensiones.
Pero si usted en vez de ser político, es un politólogo, economista, sociólogo, psicólogo, mercadólogos, consultor político, biólogo del comportamiento, planificador o filosofo social entonces le iría del todo bien aproximarse a una nueva manera de entender la política, ya que ésta, en tanto actividad, se encuentra omnipresente en todas las relaciones sociales y económicas, por lo que su conocimiento resulta vital para tener un mejor entendimiento de los fenómenos que cada una de esas profesiones se han fijado como objeto.